Por: Max Majano
Las necesidades públicas son aquellas que surgen de la vida en comunidad o en sociedad. Estas necesidades son variadas y aumentan a medida que la civilización progresa. Algunas de estas necesidades son esenciales para la vida individual de las personas y pueden ser inmateriales, como las intelectuales, morales, y religiosas, o materiales, como la alimentación, el vestido, y la vivienda, entre otras. Además, hay necesidades que emergen de la vida en sociedad, como la defensa nacional, la necesidad de un orden interno y la resolución de conflictos o violaciones a las normas. Estas necesidades, denominadas necesidades absolutas, son de cumplimiento obligatorio, no pueden ser resueltas por personas individualmente y son las que originan la formación del Estado, que comprende una población, un territorio y una organización política.
Asimismo,
existen necesidades relativas que pueden ser satisfechas de manera privada,
pero que los Estados han asumido progresivamente, como la educación, la salud,
el transporte y las comunicaciones. Estas necesidades públicas relativas están
vinculadas con el grado de desarrollo y bienestar que un Estado puede ofrecer.
Las actividades que el Estado realiza para satisfacer estas necesidades se
conocen como servicios públicos. Así, encontramos servicios públicos
esenciales, que cubren las necesidades absolutas, y servicios públicos no
esenciales, que satisfacen las necesidades relacionadas con el progreso y el
bienestar social, es decir, las necesidades relativas.
Un
dato curioso: en la antigua Grecia, la libertad o el despotismo de una sociedad
se medía por su sistema impositivo. Los griegos eran admirables no solo por la
forma en que recaudaban tributos, sino también por cómo ofrecían alternativas
voluntarias para hacerlo, como la liturgia, entendida como servicio público o
trabajo de la comunidad. La concepción de beneficencia estaba profundamente
arraigada en su conciencia colectiva.

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